Deleuze, Žižek y Maradona te explican qué es un órgano sin cuerpo

El método de Deleuze exige[1] que se parta del caso singular y su impulsor no deja de deslizarse desde la filosofía al psicoanálisis, desde la lingüística a la cinematografía, desde la política a la pintura, para mencionar sólo algunos temas. En esta investigación se han tenido en cuenta ejemplos de la filosofía, del entrenamiento deportivo, del cine y de la pintura. Ahora, siguiendo el trabajo de Vighi y Feldner[2], se tomará un caso futbolístico.

Žižek, complementando el pensamiento de Deleuze con la teoría psicoanalítica lacaniana, inventa el concepto de órganos sin cuerpo (OsC), para referirse a “la virtualidad del puro afecto extraído de la inserción en un cuerpo”[3], radicalizando[4] el significado de la noción lacaniana de objeto parcial (objeto a). Órgano sin cuerpo traduce lo que Lacan llama lamella.[5] Se trata de la primacía de una pulsión no subjetiva, autonomizada (“acéfala”); la libido como un órgano que no responde al conjunto corporal, la substancia vital mítica pre-subjetiva independizada qua órgano. El órgano sin cuerpo es el resabio de la substancia de la vida que escapa al dominio simbólico y que incluso persiste más allá de la muerte, incluso más allá de la oposición vida-muerte, “la vida como tal” anterior al organismo y a lo humano. Por eso puede ser considerado como lo “otro” de lo humano: “es el exceso repulsivo inherente al mismo hecho de ‘ser humano’, en tanto ‘toda determinación normativa de lo ‘humano’ es posible sólo contra un fundamento impenetrable ‘inhumano’, de algo que permanece opaco y resiste la inclusión en cualquier reconstitución narrativa de lo que se considera como ‘humano’”[6].

¿Cuál es la relación entre estos conceptos y el fútbol? Por supuesto, no se trata de hacer un análisis del fútbol como espectáculo, ni mucho menos como una mercancía cultural de extenso consumo en el sistema capitalista, ni como una ideología falsificadora que reemplazaría el rol que cumplía la religión en tiempos de Marx. Tampoco se trata de una teoría del fútbol en general, ni del deporte global más popular. Se trata de utilizar los conceptos en un caso concreto singular: los goles de Maradona a los ingleses durante los cuartos de final de la copa del mundo de fútbol de México en 1986.

El primer gol se produjo al comienzo de la segunda mitad. El equipo argentino ataca. Al pasar la mitad de la cancha, Maradona recibe la pelota y avanza por el centro del terreno rodeado por cinco defensores ingleses que le cierran el paso. Decide abrir la jugada haciendo un pase hacia la derecha que el destinatario no puede retener y un defensor rechaza hacia el centro del área. Maradona, que tiene una estatura más baja que la media de los futbolistas en general, dio un salto prodigioso logrando interceptar la pelota ante la salida del arquero inglés, que parecía que no iba a tener dificultades en retener. Un instante después el balón detenía su movimiento en la red del arco y el número diez argentino corría con los brazos en alto hacia uno de los laterales festejando la apertura del marcador. El árbitro sancionó el gol aunque algunos defensores protestaron airadamente por entender que la pelota había sido impulsada por la mano y no con la cabeza. Las cámaras de TV repiten la jugada desde varios ángulos y en cámara lenta, pero la jugada no deja de ser equívoca por la posición del brazo al lado de la cabeza. Al final del partido, los periodistas interrogan a Maradona esperando una confesión de parte, en la que admitiese que la acción fue indebida y convalidase la legalidad burlada del sistema establecido. Sin embargo, en lugar de admitir que el gol fue el resultado de una jugada ilícita en la que se vale del engaño y se burla del “juego limpio”, Maradona responde con una interpretación que pone en juego una definición exacta de lo que Lacan llama Acto: “Dios (el Otro por excelencia) actuó a través de mí, por unos segundos mi mano se convirtió en la mano de Dios, un órgano cuyas acciones mi ser conciente no controla/no puede controlar ni reconocer”[7].

La mano de Maradona en la jugada del primer gol a los ingleses es un ejemplo concreto del concepto de órgano sin cuerpo, es decir, un objeto parcial investido por el gozo[8] [la jouissance] de la pulsión, que adquiere vida propia sin responder ya al control del cuerpo (y mucho menos de la conciencia) y comienza a hablar por sí mismo[9].

¡No importa que la mano de Maradona haya sido recibida con tanto disgusto por todos los amantes mojigatos del fútbol! Si lo leemos con Žižek, lo que se consigue con ello es, efectivamente, el bochornoso desocultamiento de la jouissance [gozo] en la que el fútbol es desnudado repentinamente de su dignidad simbólica, descubriendo el escándalo de su núcleo Real.[10]

            La mano de Maradona hace desvanecer el mito del fútbol fantasía explotado por el capitalismo global como una mercancía universal. Para Žižek la ideología[11] no es una falsa conciencia sobre la realidad o una ilusión engañosa que oculta la insoportable realidad, sino la realidad en tanto se ha constituido sobre una fantasía que oculta su núcleo traumático, una fantasía que le da coherencia y cierre al orden simbólico, a la racionalidad de lo real, ocultando su núcleo traumático irracional. La mano de Maradona atraviesa la fantasía que sostiene al orden simbólico establecido y manifiesta la repudiada escena fantasmática en la que el sujeto se expone a sí mismo a un escándalo insostenible. “Lo que quedó expuesto fue el suplemento no castrado (su mano) que causa escándalo precisamente porque, después, no fue ‘recubierto’”[12] por la aceptación del engaño, la culpa y la reinserción en el orden simbólico. En lugar de recubrir la “mano sucia” por el reconocimiento de la falta, Maradona disuelve el discurso oficial del “juego limpio” exponiendo desvergonzadamente el “órgano” investido de gozo, elevándolo a instrumento divino. El gesto de Maradona nos enfrenta con la ambigüedad del escándalo, forzándonos a reconocer que la verdadera fascinación es sólo la otra cara de la repulsión (y viceversa). Su descarada fidelidad al órgano sin cuerpo (su mano) produce un desmoronamiento del orden del sistema en cuanto supone la no existencia del gran Otro.

            Cuando Maradona declara que Dios actuó a través de su mano, que se trató de una intervención divina, de un milagro que no se sujeta a la explicación causal o racional de los hechos, su lectura encaja perfectamente con la definición de Lacan/ Žižek del Acto:

Un acto de libertad absoluta deja en suspenso momentáneamente el campo del sentido ideológico, es decir, interrumpe el vínculo entre palabras y acciones. Precisamente, por estar vacío de todo contenido (ideológico, psicológico) ‘positivo’, (…) es un acto de libertad según lo definiera F. W. Schelling: un acto fundado sólo en sí mismo[13].

Un tal acto de libertad supone una exclusión radical: el sujeto de tal acto no solamente está excluido de la sociedad, de las relaciones intersubjetivas sino también del mismo orden simbólico (al que Lacan llama el ‘gran Otro’)[14]. Se trata de una ruptura radical porque ‘lo que impulsa al acto es la conciencia de la insuficiencia y nulidad últimas de todo fundamento ideológico[15].

El concepto de acto no debe ser confundido con el de acción o actividad o praxis, ya que éstas suponen un sujeto previamente constituido (por Dios, la naturaleza, la historia o el Poder), mientras que el primero transforma radicalmente a su agente o portador. Mientras que en la acción se trata simplemente de que alguien lleve algo a cabo sin que se altere necesariamente su identidad, después del acto “no soy el mismo que antes”. Žižek dice que el sujeto “sufre” el acto o “pasa a través” de él, más que llevarlo a cabo. En el acto,

el sujeto es aniquilado y posteriormente renace (o no), es decir, el acto implica una especie de eclipse, aphanisis, temporal del sujeto. Lo que constituye la razón por la cual todo acto digno de este nombre es ‘loco’ en el sentido de una inexplicabilidad radical: por su intermedio, pongo en juego todo, incluyéndome a mí mismo, mi identidad simbólica; el acto siempre es, por lo tanto, un ‘delito’, una ‘transgresión’, a saber, del límite de la comunidad simbólica a la que pertenezco. El acto se define por este riesgo irreductible: en su dimensión más fundamental, es siempre negativo, es decir, un acto de aniquilación, de extirpación –no sólo no sabemos que saldrá de ello, sino que su resultado final es, en última instancia, hasta insignificante, estrictamente secundario en relación con el ¡NO! del acto puro”-.[16] [17]

Vighi y Feldner señalan que, aunque sería fácil sucumbir a la tentación de lamentar que la jugada del gol y su descarada justificación no son más que una evidencia más de la tendencia de los latinos a eludir la ley, es mucho más fructífero “descubrir en la ‘mano de Dios’ la dimensión emancipadora de la pulsión[18].

Hay que tener en cuenta que la noción freudiana de “objeto parcial” no es la de un elemento o parte constituyente del cuerpo, sino la de un órgano que se resiste a ser incluido en el Todo de un cuerpo. Este objeto, que es el correlato del sujeto, es el doble del sujeto en el orden de la subjetividad. Es el proverbial “trozo de carne”, la parte del sujeto a la que el sujeto tiene que renunciar para subjetivarse, para surgir como sujeto.[19]

            Este órgano sin cuerpo no es un resabio de la castración, en el sentido de una pequeña parte que haya escapado ilesa al corte, sino que es literalmente el producto de ese corte, el suplemento generado por él[20]. Este objeto juega un rol decisivo en el proceso de subjetivación al encarnar el suplemento perturbador segregado durante este mismo proceso y que debe ser repudiado si el sujeto ha de conseguir cierta consistencia. El sujeto (sujetado) sólo puede constituirse renunciando a este objeto parcial. De modo similar, el orden simbólico está constantemente comprometido en una batalla para eliminar su propio exceso, la ‘parte de ninguna parte’ que impide su totalización. Así, para el fútbol mercancía, Maradona es un “impresentable”, políticamente incorrecto (cocainómano, defensor del excluido sur italiano en el Nápoles, amigo de Fidel que se hace tatuar una imagen del Che en el brazo y alienta a la hinchada de Boca en la Bombonera). Maradona es él mismo un órgano sin cuerpo en el orden simbólico establecido del fútbol globalizado. Es, en este sentido, el extremo opuesto de Pelé, que siempre ha sido orgánico[21].

El Lacan de Žižek es entonces el Lacan de la pulsión, donde el sujeto es definido por un exceso libidinal que está relacionado directamente con la brecha en la inmanencia, la inconsistencia fundamental del orden simbólico[22].

            Finalmente, Vighi y Feldner hacen una breve referencia al “gol del siglo”: el segundo gol de Maradona contra los ingleses en el Mundial de México en 1986. Afirman que “si el primer gol señala la intervención de la pulsión, el segundo la confirma enfáticamente repitiéndola”. Con mayor precisión, lo que se confirma es “el indomable exceso de la vida que rechaza la domesticación”.

Contra la interpretación común, el “gol del siglo” de Maradona no es solamente la expresión última de un genio creativo, es más propiamente monstruoso: nos muestra un cuerpo invadido por la substancia ajena de la pulsión[23].

            La mano de Maradona interviniendo con autonomía del cuerpo o Maradona actuando con independencia de la corporación del fútbol son ejemplos exactos de lo mentado por el concepto de órgano sin cuerpo creado por Žižek. En éste se invierten los términos del concepto deleuziano de cuerpo sin órganos, pero no el significado. Cuerpo sin órganos hace referencia a la fuerza vital preorgánica, al deseo perverso polimorfo sin objeto natural determinado. Órgano sin cuerpo hace referencia al exceso de la pulsión no organizado, no dominado, no simbolizado. Excremento monstruoso y nauseabundo con vida propia que señala la brecha sin sutura de todo sistema y de toda organización vital, social, política o cultural. La conceptualización de Žižek no se opone, entonces, a la deleuziana sino que la complementa, señalando aspectos descuidados por la concepción de la inmanencia que subyace a la filosofía de este último autor.


[1] Cf. Badiou, A., Deleuze. “El clamor del ser”, Buenos Aires, Manantial, 1997, pp. 21 y 28.

[2] Vighi, F.-Feldner, H., Žižek. Beyond Foucault, Palgrave Macmillan, New York, 2007, pp. 225-236.

[3] Žižek, S., Órganos sin cuerpo. Sobre Deleuze y sus consecuencias, Valencia, Pre-Textos, 2006, p. 48.

[4] “El primer y crucial paso hacia esta radicalización es concebir el objeto parcial investido por la jouissance de la pulsión, la jouissance que transforma el objeto en un órgano desubjetivizado que, como por arte de magia, ‘comienza a hablar’, i.e. adquiere una vida autónoma por sí mismo (pulsión), sin dependencia de las órdenes del cuerpo central” (Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 226. Nuestra traducción).

[5] Si bien Žižek/Lacan difieren en muchos aspectos de la postura de Deleuze y el concepto de órgano sin cuerpo fue creado en contraposición explícita con este último autor, hay que leerlo, sin embargo, como un complemento de esta posición. Órgano sin cuerpo hace referencia a lo que Deleuze llama esquizo y línea de fuga.

[6] “is the repulsive excess inherent to the very fact of ‘being human’, insofar as ‘every normative determination of the “human” is only possible against an impenetrable ground of “inhuman”, of something which remains opaque and resists inclusion into any narrative reconstitution of what counts as ‘human’” (Žižek, S. ‘Neighbors and Other Monsters: a Plea for Ethical Violence’, in S. Žižek, E. Santner and K. Reinhard (eds), The Neighbor, Chicago, London: The University of Chicago Press, 2006, p. 158).

[7] God (the other par excellence) acted through me, for a few second this hand of mine became God’s hand, an organ whose deeds my conscious being does not/cannot control nor recognise (Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 228. Nuestra traducción).

[8] La noción lacaniana de jouissance y la noción freudiana de ‘más allá del principio del placer’ hacen referencia a “la vida en su exceso autodefinido” (Cf. Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 229)

[9] Žižek se extiende en los ejemplos, comenzando por la novela de Diderot Les bijoux indiscrets de 1748, la película de Lansac y Leroi Le sexe qui parle de 1975, el melodrama de Ensler The vagina monologues hasta el cuento de los hermanos Grimm The Willful Child o la imagen que da Marx de la mercancía que comienza a hablar en El Capital. Lo traumático de estos ejemplos es la aparición inesperada de la palabra donde no nos lo esperaríamos, siendo la Cosa misma la que habla. Cf. Žižek, S., 2006: 196 ss.

[10] “No wonder Maradona’s hand was received with such disgust by every self-righteous football lover! If we read it with Žižek, what we get with it is, effectively, the shameful disclosure of jouissance, whereby football is suddenly  stripped of its symbolic dignity, uncovering the scandal of its Real core” (Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 227. Nuestra traducción).

[11] Sobre la noción de ideología en Žižek cf. Etchegaray, R. et alia, Informe final del Proyecto de investigación: Condiciones y límites de las nociones de sujeto, subjetividad e identidad, A-126, Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de La Matanza, 2009, capítulo 10, pp. 214-242.

[12] “What remained exposed was the non-castrated surplus (his hand) which caused scandal precisely because, later, it was not ‘covered up’” (Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 227. Nuestra traducción).

[13] Žižek, S., 1994, p. 52. Énfasis nuestro.

[14] Žižek retoma así las conceptualizaciones construidas por Ranciére (“una parte de los que no tienen parte”) y por Laclau (“subjetivización” y “posición de sujeto”), enriqueciéndolas con elementos derivados de la teoría psicoanalítica lacaniana.

[15] Žižek, S., 1994, p. 53. Énfasis nuestro. Al poner en cuestión todo fundamento ideológico el sujeto pone de manifiesto con su acto la contingencia última de lo social. En este sentido, el concepto de “acto” está vinculado estrechamente con el concepto de “ironista” definido por R. Rorty (Cf. Rorty, R., Contingencia, ironía y solidaridad, Barcelona, Paidós, 1991, capítulo 4.

[16] Žižek, S., 1994, pp. 62-63. Énfasis del autor.

[17] “From this angle, true freedom does not reside in the liberal notion of ‘freedom of choice’ – in the active evaluation of all possible outcome – but in ‘being driven’ by an unintelligible cause, in the compelling and startled realisation that ‘we cannot do otherwise’. The most difficult thing to accept, according to Žižek, is precisely the human potential for such radical freedom, since this freedom, which truly liberates us, depends on the momentary (and traumatic) suspension of the familiar horizon of consciousness” (Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 229).

[18] Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 229. Énfasis nuestro.

[19] Žižek, S., 2006: 201.

[20] Cf. Žižek, S. ‘Neighbors and Other Monsters: a Plea for Ethical Violence’, in S. Žižek, E. Santner and K. Reinhard (eds), The Neighbor, Chicago, London: The University of Chicago Press, 2006, pp. 174-176; Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 230.

[21] “Once again, the analogy is tempting: is not Maradona precisely this excess that the system (football as a capitalistic enterprise) needs to (or tries to) eliminate? Is not Maradona’s cocaine addiction and consequent exclusion from football (which culminated in his falling into a coma) a clear example of how a given symbolic system produces a surplus that it then has to get rid of? In contrast to Maradona, Pelè (Edson Arantes do Nascimento), his eternal rival in every poll for ‘best footballer of the century’, would seem to stand for the excessive element that has been successfully integrated into the system: despite being involved in a number of scandals (drugs, corruption, etc.), Pelè has been Minister of Sports in Brazil and currently is UNESCO Goodwill Ambassador” (Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 236, nota 2).

[22] Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 232.

[23] “Against its standard interpretation, Maradona’s ‘goal of the century’ is not merely the ultimate expression of a creative genius, it is more properly monstrous: it shows us a body invaded by the alien substance of drive” (Vighi, F.-Feldner, H., 2007: 234).

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