De las promesas, de la imposibilidad de cumplirlas y del perdón

De El mercader de Venecia de W. Shakespeare, en Shakespeare, W., Obras inmortales, EDAF, Madrid, 1968, pp. 187-261.

Criar un animal al que le sea lícito hacer promesas –– ¿no es precisamente esta  misma paradójica tarea la que la naturaleza se ha propuesto con respecto al hombre? ¿No es éste el auténtico problema del hombre?…

Nietzsche, F., Genealogía de la moral, Tratado segundo, 1.

No entiendo la causa de mi tristeza. A vosotros y a mí igualmente nos fatiga, pero no sé cuándo ni dónde ni de qué manera la adquirí, ni de qué origen mana. Tanto se ha apoderado de mis sentidos la tristeza, que ni aun acierto a conocerme a mí mismo. […] Graciano, el mundo me parece lo que es: un teatro, en que cada uno hace un papel. El mío es… bien triste.

Salanio indaga las causas de la tristeza: si no está preocupado por la posibilidad de perder su fortuna tiene que ser a causa del amor y si no es así, es por azar (“estás triste porque no estás alegre”).

En Belmonte hay una rica heredera. Es hermosísima, y además un portento de virtud” [verdadero, bello, bueno]. Y Lorenzo dice de Jéssica: “La amaré eternamente por hermosa, discreta y fiel”. La belleza-hermosura es común. La virtud se ha trocado en fidelidad y la riqueza en discreción.

Sylock: [respecto a Antonio] Le aborrezco porque es cristiano y además por el necio alarde que hace de prestar dinero sin interés, con lo cual está arruinando la usura en Venecia. Si alguna vez cae en mis manos, yo saciaré en él todos mis odios. Sé que es grande enemigo de nuestra santa nación, y en las reuniones de los mercaderes me llena de insultos, llamando vil usura a mis honrados tratos. ¡Por la vida de mi tribu, que no le he de perdonar!

El primero en romper su palabra es Antonio que ni presta ni pide prestado [a usura] “por servir a un amigo”.

Antonio insultó a Sylock por prestar a usura. Y dice que lo volverá a hacer. Que le preste el dinero no porque sea su amigo sino como un enemigo al que se le presta para poder vengarse a gusto si falta al contrato. …Si un judío ofende a un cristiano, ¿no se venga éste, a pesar de su cristiana caridad? […] Le atormentaré. Me he de vengar con creces. […] Si no paga la fianza, le sacaré las entrañas…

El hado tiene la culpa, y él es quien debe pagarla e ir al infierno, yo no.

Porcia: Todo os lo doy con este anillo. Si algún día lo destruís o perdéis será indicio de que habéis perdido mi amor y podré reprenderos por tan grave falta.

Salanio: Es el perro más abominable de los que deshonran al género humano.

Lanzarote: Si, porque habéis de saber que Dios castiga en los hijos las culpas de los padres: por eso os tengo lástima.

Efectos de antipatía que todo lo gobierna.

Sylock: yo cargo con la responsabilidad de mis actos. Pido que se ejecute la ley y que se cumpla el contrato.

Porcia: Por lo mismo la quiero, y nada más aceptaré. Tengo capricho en poseerla.

[Este es el centro de la tragedia. ¿Por qué este capricho? ¿Por qué quiere poner a prueba la promesa de amor, forzando su quebrantamiento? ¿Por qué habría que mantener las promesas más allá del sentido común? El sentido común le señala a Sylock que es mejor que le devuelvan lo prestado (el doble o el triple) que una libra de carne del enemigo. El sentido común le dice a Porcia que un anillo sin valor es una paga razonable para un abogado que se ha encaprichado con él después de salvar la vida de un amigo entrañable. ¿No muestran estas pruebas al que prometió una desconfianza por parte del beneficiario de la promesa? ¿No es esta desconfianza la contrapartida de la promesa? ¿No crea la promesa misma esta desconfianza al saberse incumplible/irrealizable/imposible? La última frase de la obra es una promesa: “Lo juro por mi honor; mientras viva, no perderé el anillo de Nerissa”.

Porcia: Luego nos harán mil juramentos de que a hombres y no a mujeres entregaron sus anillos, pero nosotras los desmentiremos, y si juran juraremos más que ellos. No te detengas, te espero donde sabes.

Jéssica: En aquella noche juró Lorenzo que la amaba con amor constante, y la engañó con mil falsos juramentos. [Los que juran y prometen son los varones. Las que toman las decisiones que abren a lo nuevo son las mujeres, como contrapartida de los juramentos que son la única seguridad para su línea de fuga]

Porcia: ¿Qué cuestión es ésta?

Graciano: Todo es por un anillo, un mal anillo de oro que ella me dio, con sus letras grabadas que decían: “Nunca olvides mi amor”. [Graciano dice que no ha roto la promesa de amor, que sólo ha cedido el símbolo que lo representaba. Nerissa le reprocha que no se trata del anillo ni de la inscripción sino de la promesa incumplida. Cumplir la promesa es el signo del amor. Si no se cumplió la promesa, no hay ya amor, debe haberse enamorado de otra y por eso es evidente que a quien se lo dio es mujer (“Dios sabe que a ese pasante nunca le saldrán barbas”)]

¿Por qué Shakespeare recurre a estas relaciones en paralelo a niveles diversos (Porcia-Basanio, Nerissa-Graciano, Jéssica-Lorenzo) en las que las cosas suceden siempre dos veces.

Porcia: …Y juro a Dios que no he de ocupar tu lecho hasta que me muestres el anillo. [Ella sabe que no puede mostrarle el anillo que le exige. Como Lisístrata se niega a coger pero no como un acto político para detener la guerra sino como una exigencia imposible, ética]

Sin duda diste el anillo a alguna dama.

La trama es muy perversa. Porcia sabe que ella se había disfrazado de letrado y que Basanio no la había reconocido. Sabe que forzó a Basanio a darle el anillo de la promesa. Sabe que Basanio no la engañó con otra. Lo acusa de haber roto la promesa y de haberla engañado con otra mujer, sabiendo que Basanio creía que el letrado era un varón y que en realidad era ella misma disfrazada. Es decir, era en realidad una mujer, ¡pero no era otra mujer!

Basanio no puede refutar ninguna de las sospechas aunque trata de explicarse:

Basanio: …Tuve que dárselo; la gratitud y la cortesía me mandaban hacerlo. Perdóname, señora.

Ella no acepta el pedido de perdón. Condena la ruptura de la promesa y sentencia la venganza:

Porcia: ¡Nunca se acerque él [Basanio] a mi casa! …seré tan liberal como tú [Basanio]; no le [al letrado] negaré nada, ni siquiera mi persona ni tu lecho.

Basanio insiste con el único recurso que le queda, pero para eso debe reafirmar la promesa que se ha visto forzado a incumplir:

Perdón, Porcia, te he ofendido… ¡Perdóname, por Dios! ¡Te juro que en mi vida volveré a faltar a ninguna palabra que te dé!

Antonio: Una vez empeñé mi cuerpo en servicio suyo… Yo empeño de nuevo mi palabra de que Basanio no volverá a faltar a sus promesas, a lo menos a sabiendas. [Antonio pone su cuerpo como fianza dos veces, sabiendo que la primera no se había podido cumplir. Y Porcia sólo acepta la nueva promesa cuando Antonio se pone en garante. Entrega el anillo y descubre toda la trama. Podría haberla mantenido oculta ¿Por qué la descubre?]

Cuando Basanio reconoce el anillo, Porcia le dice: Él (el juez) me lo entregó. ¡Perdón, Basanio! Yo le concedí favores por ese anillo. [Es cruel, le miente al afirmar que se acostó con el otro (que Basanio ignora que no existe, que es ella misma] También Nerissa: ¡Perdón, Graciano! El rapazuelo del pasante me gozó ayer en pago de este anillo.

Graciano: ¿Ya tenemos cuernos, sin merecerlos? [¿hay cuernos merecidos?]

Graciano: Si fuera de día, yo sería el primero en desear que apareciese la estrella de la tarde para acostarme con el pasante del letrado. [Graciano es la expresión más simple del deseo. Desea acostarse con Nerissa. “Lo que queremos es coger”, dice el personaje de Lisístrata. Dice “con el pasante del letrado”, mostrando que ha comprendido la trama oculta que ahora se les revela. Pero también manteniendo la ambigüedad del deseo mismo (perverso, polimorfo)].

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