Sobre la respuesta de Kant a la pregunta “¿qué es la Ilustración?”

Por Ricardo Etchegaray

            ¿Cuál es el problema al que trata de responder Kant? Desde un cierto punto de vista se trata de una cuestión que había sido planteada en el siglo anterior: es el problema de la inseguridad. Para lograr esa seguridad en el conocimiento es necesario deshacerse de los prejuicios, de la autoridad, de las costumbres y encontrar una base firme, indudable, absoluta. Descartes había logrado su propósito, al menos en el ámbito teórico, sosteniendo todos los conocimientos en la evidencia racional. Descartes, Galileo y Hobbes, un siglo antes que Kant, logran una cierta autonomía, pero limitada al ámbito científico o intelectual, porque más allá de este ámbito, se someten a los poderes establecidos. Resuelven el problema escindiendo la esfera del saber y de la verdad, de la esfera del poder y el gobierno. El resultado es la autonomía de la verdad en el ámbito intelectual y el sometimiento a los poderes establecidos en el ámbito político.

Un siglo después, los intelectuales burgueses ya no se conforman con la autonomía intelectual y científica que les ha permitido dominar sobre la naturaleza y quieren extender su dominio sobre los otros hombres, sobre la sociedad y el Estado, para lo cual necesitan limitar y contener a las fuerzas políticas y sociales del Antiguo Régimen. En resumen, el problema de Kant y del siglo XVIII es el de la crítica, el de los límites del poder, para lo cual se confía en el mismo instrumento que sirvió para controlar la naturaleza: la razón. A partir de entonces, “crítica” quiere decir: el establecimiento de las condiciones de posibilidad y de los límites de… las fuerzas y de los poderes. Se trata de las fuerzas exteriores a los individuos sobre éstos, pero también de las fuerzas naturales o naturalizadas que debilitan o anulan a los individuos desde dentro.

En la respuesta a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?[1], el problema es cuáles son las condiciones de posibilidad y los límites de la libertad individual (ejercicio de la propia voluntad) en la sociedad y el Estado y cuáles son las condiciones de posibilidad y los límites de las fuerzas ciegas de la naturaleza, de las pasiones, del poder, de la autoridad, del caos más allá de la naturaleza y de la sociedad y más acá de la autoconciencia. Como en el resto de la obra de Kant, las condiciones de posibilidad y los límites están en la razón misma (del conocimiento en la Crítica de la razón pura, de la acción en la Crítica de la razón práctica, de la sensibilidad en la Crítica de la facultad de juzgar). En ese artículo, establece las condiciones de posibilidad y los límites de la política, es decir, de la acción en común y del poder del Estado. La nobleza del Antiguo Régimen se sostiene en las tradiciones y los lazos de sangre, en la fuerza y el honor propios de la nobleza, frente a los cuales el individuo (la burguesía) carece de poder, pero reclama su derecho y los medios para implementarlo.

            Foucault tiene razón cuando sostiene que el problema de Kant es el de la modernidad (aunque se equivoca al iniciar los tiempos modernos en el siglo XVIII y no dos siglos antes: en el Renacimiento y en el Barroco). El problema de la modernidad es el de la libertad individual, es decir, es el problema de “la mayoría de edad”. La pregunta clave podría formularse así: “¿Es el principio moderno de la autonomía individual (libertad subjetiva) irreconciliable con el principio antiguo de la vida en común (libertad objetiva)?”[2] En otras palabras, el problema de la modernidad es el tiempo nuevo, el tiempo de la madurez en el que se constituye la autonomía individual y el cambio de los órdenes y, por lo tanto, el cambio en la autoridad y la ley. La mayoría de edad es el tiempo en el que la autoridad paterna y la tutoría externa dan paso a la autonomía y la autodeterminación.

Escribe Kant: “La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad.”[3] Es decir, la ilustración es una etapa en el proceso de evolución humana análoga a la salida de la niñez en los individuos. Es una edad. Al principio, Kant define la ilustración negativamente, por lo que no es o por lo que se ha dejado de ser. Se ha dejado de ser “menor”. Se sale de un estadio y se entra en otro. La ilustración es la salida: dejar de ser menor.

¿Qué significa “minoría de edad”? Después de haber definido negativamente la ilustración, uno esperaría que al menos se defina positivamente la minoridad, pero tampoco lo hace: “La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro.”[4] Lo que la define es una incapacidad: la de pensar por sí mismo. El menor no puede valerse por sí mismo; necesita de la dirección de otro. No se vale por sí mismo porque no entiende y no entiende porque su entendimiento no se ha desarrollado suficientemente, no está maduro o si lo está, no tiene la voluntad suficiente para hacerlo. Y sin entendimiento, no hay responsabilidad, no hay culpabilidad, no hay imputabilidad[5].

¿Cuáles son los signos en el individuo que manifestarían inequívocamente el “uso de razón” o la “mayoría de edad”? No hay acuerdo al respecto. Mucho más difícil es, entonces, determinar los rasgos que manifestarían el pasaje a la mayoría de edad (ilustración) en la especie humana. ¿Es la revolución el signo del pasaje? ¿Acaso no hay monarquías ilustradas, como el mismo Kant señala? ¿Por qué el siglo XVIII inicia la ilustración y no el siglo XVII o el siglo de Pericles? A nada de esto responde Kant. Además, si la ilustración promete reemplazar el orden de la naturaleza y la costumbre, el orden de la nobleza y la jerarquía  por el sistema de la razón y de la igualdad, es decir, si un nuevo orden relevaría al antiguo, ¿qué daría fundamento al tránsito, a la revolución?[6]

Volviendo al texto: Si la minoridad se caracteriza por la incapacidad de servirse del propio entendimiento, la ilustración y la mayoría de edad se definirían positivamente por lo contrario: la capacidad de servirse del propio entendimiento, es decir, de pensar por sí mismo. Esto es lo que también se ha llamado “uso de razón”. Se supone que la razón es una capacidad natural, que está en todo individuo humano por ser tal, pero no se desarrolla sino hasta una cierta edad, cuando se llega a estar en condiciones de hacer uso de ella. Algo análogo ocurriría con otras facultades o capacidades como la sexual o la locomotiva. Se nace con órganos sexuales o con piernas, pero éstos no se desarrollan hasta una cierta edad en la que se está en condiciones de hacer uso de ellos (las piernas parecería que se usan antes que el sexo). De estas capacidades hay signos inequívocos de su madurez: por ejemplo, cuando el individuo logra ponerse de pie y caminar sin andaderas o manifiesta su capacidad sexual. Pero, ¿cuáles son los signos del uso de razón? Además, la mayoría de edad y la madurez no son sinónimos, ya que la primera sería una edad o un momento donde se dan ciertas condiciones mínimas para usar la razón por sí mismo que podrían seguir desarrollándose posteriormente, mientras que la madurez implica la culminación de un proceso que implica el fin de la evolución.

Kant agrega que “el mismo [hombre] es culpable de ella [minoría de edad]”[7], lo cual es paradójico si se define la minoría como una incapacidad. ¿Cómo podría ser culpable por no valerse de algo que no tiene o que no está desarrollado todavía? De allí que tenga que aclarar que no es culpable de que la razón no se haya desarrollado sino de la “falta de decisión y ánimo” para usarla cuando se ha desarrollado suficientemente. Es decir, un individuo que tiene uso de razón es culpable de no hacer uso de la capacidad que tiene. Pero, de nuevo: ¿cómo se puede ser culpable de una falta (de decisión y ánimo)? Se podría argumentar que la facultad de la voluntad es diferente de la del entendimiento, porque no necesitaría desarrollarse. No sería el problema del desarrollo de la cualidad o de la capacidad como tal (inmadura/madura, incapaz/capaz) sino de incremento de la cantidad, de la fuerza (cuánta fuerza se necesita para tomar una decisión, no depende de la facultad sino del ejercicio o del entrenamiento o de la salud). La falta de decisión no es una falta en sentido estricto, sino no querer hacerlo o no activar la fuerza para hacerlo: no querer servirse de una facultad que se posee y que está desarrollada. No se trata de tener o no tener entendimiento, sino de tener o no tener valentía, fuerza de voluntad. De allí la culpa. La falta de desarrollo del entendimiento no es culpa del hombre, pero la falta de decisión sí lo es. De lo cual se deriva que la independencia o la autonomía son propias de la voluntad y no del entendimiento, lo mismo que la culpa. En las épocas anteriores, los hombres no habrían sido del todo responsables o culpables de su dependencia y heteronomía, pero esto habría cambiado en el siglo XVIII cuando el entendimiento humano ha llegado a su madurez.

Pero, ¿cómo se explica que en los hombres se haya desarrollado la capacidad del entendimiento y sin embargo no quieran usarla? ¿Cómo es posible que deseen someterse, sabiendo que son libres?[8] ¿Cuál es la causa de esta necedad? En este punto, Kant sigue a Rousseau[9]: la causa del debilitamiento o de la pérdida de la libertad está en la comodidad, en la pereza y en la cobardía. “¡Es tan cómodo ser menor de edad!”[10] A la inversa: la mayoría de edad es una incomodidad. ¡Es tan incómoda la libertad! Pero ¿en qué consiste la comodidad? En no actuar, en no hacer y en dejar que otro lo haga por mí. “Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo”.[11] Curiosamente, todos los ejemplos[12] que menciona tienen que ver con la dependencia del saber de los otros y no con la pasividad cómoda. ¿Por qué sigo la dieta prescripta por el médico? Porque el médico sabe lo que yo no sé y está en mejores condiciones para orientar mi acción. Tengo la misma capacidad[13] del médico (entendimiento) para resolver este problema, pero el médico sabe lo que yo no sé todavía y me llevaría (tal vez demasiado) tiempo saber por mí mismo[14]. En estos ejemplos en los que se hace referencia a los “saberes expertos”, lo importante no es la capacidad del entendimiento que es igual en todos sino lo que efectivamente se sabe, que es diferente en cada uno. Hobbes ya había señalado que la facultad es igual en todos pero lo que se hace con la facultad (experiencia) es diferente en cada uno.

En este punto se presenta una cuestión mucho más inquietante: Kant argumentaría que la única posibilidad de ser autónomos estriba en el entendimiento autónomo, pero ¿es autónomo el entendimiento? ¿No depende acaso de la imaginación trascendental, como el mismo Kant señala en la Crítica de la Razón Pura?[15]

Por otro lado, lo decisivo no es el entendimiento (capacidad) o el saber (uso de la capacidad) sino la voluntad como decisión y ejecución de lo que se sabe. Los filósofos británicos, siguiendo a Hobbes, no han dejado de señalar que el entendimiento no impulsa la acción y que lo único que nos impulsa a actuar es una pasión. También Rousseau ha insistido en que el problema de la libertad no estriba en el entendimiento sino en la voluntad. Puedo saber muy bien que el cigarrillo perjudica la salud, y sin embargo… ¡sigo fumando! La voluntad y la acción no dejan de cumplir su papel ya que no basta con la prescripción de la dieta para que la cumpla. Sin la propia acción, la mejor dieta queda reducida a nada. Tener uso de razón no sirve de nada si no se tiene también suficiente fuerza de voluntad. De allí que el problema de Rousseau no sea como alcanzar o extender la ilustración sino cómo fortalecer la voluntad.

La ilustración consiste en valerse del propio entendimiento y al valerse de las propias capacidades (y no de las de otro) se es independiente y autónomo. Pero ¿cuál es la función de esta capacidad del entendimiento? Su función es poner lo universal, poner una forma universal a un contenido o materia particular. Pero si el universal es formal (puro deber) y, por tanto, vacío de contenido, entonces depende de la voluntad para decidir cuál universal seguir y, en consecuencia, no es independiente o autónomo. Por ejemplo, cuando se toma la decisión arbitraria de seguir un plan racional (coherente). Así, Kant cree escapar al totalitarismo de Rousseau, pero en realidad le da un sostén racional. Es el totalitarismo ilustrado (despotismo ilustrado, despotismo del mercado, etc.). Kant es conciente de la contradicción que existe entre la libertad y la razón, porque esa contradicción se manifiesta concretamente en el llamado “despotismo ilustrado”, cuyo ejemplo es el Estado de Federico de Prusia. “Se muestra aquí –escribe Kant- una extraña y no esperada marcha de las cosas humanas; pero si la contemplamos en la amplitud de su trayectoria, todo es en ella paradójico[16]. ¿Cuál es la salida de la paradoja? La abstracción, separación y fijación de los ámbitos, es decir, lo que Foucault llama “analítica de la verdad”.

Pero, si el universal no es formal ni abstracto, entonces, el contenido es lo decisivo y no el deber. En este caso, ya no se sigue la solución kantiana sino a Hegel.

En la relación entre el entendimiento y la voluntad[17], Descartes había señalado que el entendimiento es limitado y finito mientras que la voluntad es infinita. Lo infinito es un rasgo de la voluntad.[18] Allí reside la fuente del error, cuando la infinitud de la voluntad no se sostiene en lo conocido con certeza por el entendimiento.

Indudablemente, el ejercicio de la propia voluntad requiere esfuerzo (“pena”, dice el texto de Kant) y el aprendizaje de la acción conlleva cierto peligro, pero ni uno ni otro justifican la renuncia o la cobardía. Kant agrega a estas constataciones que siempre hay tutores dispuestos a ofrecer sus servicios a cambio de obediencia y privilegios. Y también, siguiendo a Rousseau, que la costumbre de la dependencia hace más difícil la autonomía.

Que el hombre ha salido de la minoría de edad no implica que todos los hombres lo hayan hecho, ni siquiera la mayoría. Por el contrario, la mayoría de los hombres y la totalidad de las mujeres, parece aceptar la minoría como algo natural y solo unos pocos han salido de ella con mucho esfuerzo. El que más puedan hacerlo requiere de tiempo y esfuerzo, por lo que solo es esperable que se haga lentamente. La ilustración se extiende lentamente de los pocos a los muchos, al pueblo, pero no hay que entender esto en el sentido de que se irradia de los pocos hacia los muchos o que los pocos ilustren a los muchos. Los muchos se ilustrarán a sí mismos, “casi inevitablemente”[19], a condición de que tengan libertad. Es casi inevitable porque el pensamiento autónomo es un rasgo de la naturaleza humana, es lo que constituye su dignidad y su vocación.

Ilustración quiere decir haber alcanzado la mayoría de edad (autonomía, autodeterminación), es decir, implica un cambio cualitativo (de la heteronomía a la autonomía), pero también requiere de un cambio cuantitativo (de la ilustración de algunos a la ilustración de todos). El problema del siglo XVIII es cómo extender la libertad como autonomía y autodeterminación de algunos a todos. De allí el otro significado contenido en el término: ilustrar es enseñar, instruir, educar.

            Curiosamente, los filósofos ilustrados franceses se llaman a sí mismos “ideólogos”, no porque se propongan divulgar ideas o imponerlas a los demás, sino porque han tomado conciencia de que haber tomado la Bastilla, decapitado al rey y ocupado el gobierno no implica haber superado el Antiguo Régimen, ya que la mayoría de la gente sigue viviendo y actuando como antes, según las viejas costumbres y sin transformar el modo de vida. “Para que hombres y mujeres se gobernasen verdaderamente a sí mismos, primero había que examinar pacientemente las leyes de su naturaleza. (…) Dado que toda la ciencia se basa en ideas, la ideología debía sustituir a la teología como reina suprema, garantizando su unidad. Reconstruiría la política, la economía y la ética desde la raíz, pasando desde los más simples procesos de la sensación  hasta las más altas regiones del espíritu”[20].

Si la mayoría de edad se opone a la minoría de edad, la ilustración, como voluntad de pensar por sí mismo se opone a los prejuicios. De aquí que la ilustración no pueda alcanzarse rápidamente o por un cambio brusco, sino solo lenta y trabajosamente[21].

¿Cuáles son las condiciones de posibilidad y los límites de la ilustración? La única condición de la ilustración, como voluntad de valerse de la propia razón, es la libertad de pensamiento y expresión. Libertad de pensamiento significa liberarse de los prejuicios y de la autoridad[22]. Libertad de expresión significa hacer un uso público de la razón. ¿Por qué el uso público de la razón es la única condición de la ilustración?[23] ¿Qué significa uso público? ¿En qué se diferencia lo público de lo privado? “Entiendo por uso público de la propia razón el que alguien hace de ella, en cuanto docto [el que sabe o conoce], y ante la totalidad del público del mundo de lectores.”[24] El uso público es lo que Aristóteles llamaba razón deliberativa y lo asignaba al orden de la polis donde los ciudadanos son iguales. El modelo del uso público de la razón es Descartes, por lo menos como autor del Discurso del método, escrito en francés para todo el público lector (no como docto que escribe para otros doctos, en latín). Esta libertad que es condición de la ilustración parece peligrosa en tanto podría cuestionar y subvertir los poderes[25].

“Llamo uso privado al empleo de la razón que se le permite al hombre dentro de un puesto civil o de una función que se le confía.”[26] El uso privado se corresponde con lo que Aristóteles llamaba razón comprensiva, es decir, la capacidad para comprender las órdenes, los mandatos y las leyes, tomando decisiones coherentes con el mandato. El mismo Aristóteles circunscribía este tipo de razón al orden de la casa (oikos), al ámbito familiar, que supone elementos desiguales. El uso privado de la razón es la capacidad para actuar de manera funcional al orden social y su gobierno. Kant menciona y analiza varios ejemplos: el funcionario o empleado público, el miembro de una institución militar o de seguridad, el ciudadano común obligado por las leyes a contribuir con el pago de impuestos y el miembro de una institución religiosa. La solución kantiana, una vez más, es analítica[27]: separa los planos, diferencia los ámbitos, evitando así la contradicción. El sujeto es escindido en docto y operario, en mayor de edad y menor de edad, libre y no libre, activo y pasivo, autónomo y obediente, homme y citoyen[28].

            Kant diferencia y separa la esfera de lo público de la de lo privado. Esta distinción no debe confundirse con la oposición entre lo político y lo familiar, ni con la diferenciación del todo y las partes. Sin embargo, la diferencia entre el uso público de la razón y el privado se superpone a la diferencia entre la esfera de la libertad y la de la no libertad. En la primera esfera rigen los derechos de los individuos mientras que en la otra esfera se impone el derecho del Estado. Es decir, en el primer ámbito cada individuo puede hacer su voluntad [reducida al pensamiento y la expresión] mientras que en el segundo debe obedecer y no puede hacer su voluntad. Además de estas dos superposiciones, Kant efectúa una tercera: la que distingue entre el docto o el experto y el que no lo es. Con ello sigue la antigua oposición platónica entre el que sabe y el que no sabe, entre la episteme y la doxa. Esta última distinción coincide también con que Aristóteles hace entre los tipos de razón: la razón como deliberación y la razón como decisión y obediencia, que requieren la sumisión a las leyes. Es decir, en esta última distinción se opone la autonomía a la heteronomía. Finalmente, esta última distinción parece coincidir con la existente entre lo universal y lo particular o parcial.

            En resumen, podría establecerse una analogía entre estas esferas diferenciadas:

Público/Privado = Libre/No-libre = Docto/No-docto = Autonomía/Heteronomía =  Universal/Parcial. La respuesta kantiana al problema de la modernidad consiste en analizar, diferenciar, definir y separar los ámbitos así definidos sin que se mezclen o confundan. Pero aquí se plantea otro problema: la injerencia del tiempo, del cambio cuantitativo, es decir, el progreso de la ilustración. El problema es cómo asumir la propia autonomía cuando solo algunos pocos han tomado conciencia de ella.

Limitar, contener o impedir el progreso de la ilustración “sería un crimen contra la naturaleza humana, cuya destinación originaria consiste, justamente, en ese progresar”[29]. Siguiendo el mismo argumento que Rousseau, Kant sostiene que la aceptación libre o consentida de la esclavitud es nula porque contradice la naturaleza del hombre ya que la ilustración es un “derecho sagrado de la humanidad”.

“Luego, si se nos preguntara ¿vivimos ahora en una época ilustrada? responderíamos que no, pero sí en una época de ilustración.”[30] Lo es porque, aunque no se ha alcanzado la ilustración de todos, los obstáculos son cada vez menores y hay un campo abierto para trabajar libremente con ese fin. El principal obstáculo para la ilustración no está en el gobierno o en el Estado[31], como muestra el ejemplo de Federico de Prusia (“que es un príncipe ilustrado”[32]), sino en las Iglesias y en los eclesiásticos. “He puesto el punto principal de la ilustración –es decir, del hecho por el cual el hombre sale de una minoría de edad de la que es culpable- en la cuestión religiosa, porque para las artes y las ciencias los que dominan no tienen ningún interés en representar el papel de tutores de sus súbditos.”[33] Kant se equivocó en este punto, como mostrará Foucault en sus investigaciones en las que se evidencia el papel disciplinario cumplido por las ciencias sociales y las profesiones ligadas a ellas.

La ilustración es casi inevitable porque “…una vez que la Naturaleza, bajo esta dura cáscara, ha desarrollado la semilla[34] que cuida con extrema ternura, es decir, la inclinación y disposición al libre pensamiento, ese hecho repercute gradualmente sobre el modo de sentir del pueblo”[35].

[1] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[2] Etchegaray, R., Dominación y política, La Plata, Ediciones Al Margen, 2001.

[3] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[4] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[5] Rousseau había planteado que no se requiere de entendimiento para comprender porque el mandato natural está en el nivel sensible, es un sentimiento anterior a la razón. De lo cual se deriva que hay responsabilidad sin entendimiento. Mucho antes que Rousseau, el cristianismo había sostenido que el libre albedrío es la condición suficiente para ser imputado, es decir, para pecar.

[6] Cf. Laclau, E., Emancipación y diferencia, Buenos Aires, Editorial Ariel, 1996.

[7] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[8] ¿Cómo es posible que los seres humanos libres deseen su propia sumisión, su propia esclavitud? (Cf. Deleuze, G., en Foucault, M., Un diálogo sobre el poder, Introducción y traducción de Miguel Morey, 2da. edición, Buenos Aires, 1992, pp. 16-7). Ya Spinoza había planteado el problema de comprender porqué las personas luchan por su esclavitud y están dispuestos a todo para seguir siendo sometidos (Cf. Deleuze, Gilles, En medio de Spinoza, Buenos Aires, Editorial Cactus, 2008, p. 105). Un siglo antes de Spinoza, E. de La Boétie había percibido claramente el problema. Cf. La Boétie, E., El discurso de la servidumbre voluntaria, traducción de Toni Vicens, Tusquets Editores, Barcelona, 1980.

[9] “En este nuevo estado, llevando una vida simple y solitaria, con necesidades muy limitadas y los instrumentos que habían inventado para atenderlas, los hombres gozaban de una extremada ociosidad, que emplearon en procurarse diversas comodidades que sus padres no habían conocido. Este fue el primer yugo que se impusieron sin pensar y la primer fuente de males que prepararon a sus descendientes; pues, además de que así continuaron debilitan de su cuerpo y su espíritu, y habiendo perdido esas comodidades, por la costumbre, todo su encanto y degenerado en verdaderas necesidades, la privación de ellas fue mucho más cruel que agradable era su posesión, y, sin ser feliz poseyéndolas, perdiéndolas érase desgraciado” (Rousseau, J. Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres).

[10] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[11] ¿No es Spinoza el mejor ejemplo del hombre ilustrado, prescribiéndose la propia dieta, la ética e incluso la política, a partir de su propio entendimiento? Sin embargo, el problema que se le presenta a Spinoza no es la cobardía o la comodidad de sus contemporáneos sino el imperio de la doxa y de las pasiones en la mayoría de ellos. Esto hace muy limitado el uso público de la razón, a tal punto que Spinoza ni siquiera considera tener como interlocutor al universo de lectores (a diferencia de Descartes, escribe en latín y publica solo dos obras).

[12] Es curioso que entre los ejemplos citados no se encuentre el de los gobernantes, el de los reyes o el de los déspotas.

[13] De manera análoga, Rancière argumenta que la política y la democracia se sostienen en la igualdad de las inteligencias, de la cual se deriva que nadie esté naturalmente sometido a la voluntad o a la razón de los otros.

[14] Valerse del propio entendimiento sin tutores requeriría desarrollar uno mismo todos los conocimientos necesarios para la vida, pero esto es imposible y, además, caro. Adam Smith, en la misma época, explica porqué sería mucho más caro hacerlo todo una persona en lugar de dividirse el trabajo. El propio Kant argumenta contra la pretensión de saberlo todo, refutando las pretensiones de la metafísica.

[15] Cf. Žižek, S., El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política, Buenos Aires, Editorial Paidós, 2001.

[16] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[17] El trabajo de Kant sobre la disputa entre la facultad de filosofía y la facultad de derecho ¿no plantea la disputa entre la razón y la voluntad?

[18] ¿No hay aquí un paralelo con la concepción que Maquiavelo tiene del poder? Si el poder tiene su objeto o fin en sí mismo, ¿no es por eso infinito?

[19] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[20] Eagleton, T., Ideología. Una introducción, Barcelona, Paidós, 1997, p. 97.

[21] “Quizá por una revolución sea posible producir la caída del despotismo personal o de alguna opresión interesada y ambiciosa; pero jamás se logrará por este camino la verdadera reforma del modo de pensar, sino que surgirán nuevos prejuicios que, como los antiguos, servirán de andaderas para la mayor parte de la masa, privada de pensamiento” (Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964).

[22] Es curioso que Kant denuncie a los reglamentos y las fórmulas como limitaciones de la libertad de pensamiento y expresión que condicionan la ilustración: “Los grillos que atan a la persistente minoría de edad están dados por reglamentos y fórmulas: instrumentos mecánicos de un uso racional, o mejor de un abuso de sus dotes naturales” (Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964). El método se ha convertido en un obstáculo. Para Descartes el método hacía posible encarrilar el pensamiento, orientarlo, evitar el error y el errar (andar sin rumbo). Para Kant el método se ha convertido en un límite y un impedimento, en una andadera que impide la ilustración.

[23] Valerse del propio entendimiento (ilustración) parece no requerir de la publicidad. Si requiere de ella ¿en qué medida no se acepta una tutela de los otros?

[24] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[25] Kant menciona tres poderes principales que se oponen a esta libertad: el poder político-militar, el poder económico y el poder religioso. El primero opone el adiestramiento a la libertad, el segundo el pago (el dinero, la riqueza) y el tercero la fe.

[26] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[27] Foucault la llama “analítica de la verdad”.

[28] Cf. Marx, K., La cuestión judía

[29] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[30] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[31] Sin embargo, Kant advierte la contradicción que existe entre la monarquía que, aunque sea ilustrada exige obediencia, y la ilustración que supone libertad. En un Estado libre (compuesto de hombres libres e ilustrados) sería ilegítimo exigir obediencia. No obstante, admite que Federico pueda exigirla. Por dos razones: 1) no le teme a las sombras, es decir, a los prejuicios, porque es ilustrado; 2) garantiza la paz interior, sin la cual la sociedad se disuelve. Esta segunda razón plantea un problema: ¿no basta con la ilustración para mantener la paz social?

[32] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[33] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

[34] La dialéctica de la semilla y la cáscara nos recuerda inmediatamente el texto del Postfacio de El Capital de Marx. En ambos se apunta al desarrollo necesario del proceso.

[35] Kant, I., ¿Qué es la Ilustración?, en Filosofía de la historia, Buenos Aires, Editorial Nova, 1964. Nótese que se habla de la repercusión en el sentimiento del pueblo y no en su entendimiento.

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